miércoles, 8 de abril de 2015

XX Aniversario del asesinato de Iqbal Masih


El 16 de Abril se celebra el Día Internacional contra la Esclavitud Infantil. No en la fecha en que ha decidido la ONU que hay que hablar de los "niños trabajadores", sino en la fecha en la que han escrito la historia los empobrecidos de la Tierra, auténticos protagonistas de ella. El 16 de Abril de 1995, hace ahora 20 años, fue asesinado un niño pakistaní cristiano por luchar contra la esclavitud infantil.
Es evidente que pese a toda la verborrea, convenciones y tratados suscritos contra ella, este problema no ha disminuido sustantivamente. En un reciente trabajo publicado por Voz de los Sin Voz demostrábamos que la cifra de 400 millones de niños esclavos (frente a los 163 millones de los que habla la OIT) podría resultar conservadora. Pero no serán portada en ningún gran medio de comunicación mundial ni español. Y sabemos que si lo fueran, este crimen entraría en vías de solución. La portada que os traemos en este número lo demuestra.
A la violencia estructural que ha supeditado el trabajo al capital, siendo los niños el último eslabón de una cadena de explotación de la que tampoco están exentos los adultos, se le añaden en la actualidad circunstancias agravantes.
En primer lugar, la infancia ha sido una de las más perjudicadas por el terrorismo especulativo financiero que ha conducido a la denominada crisis económica. La deuda privada, que ahora es pública, se está pagando con paro, con subempleo, con el recorte de los salarios y de los ya escasos sistemas de protección social (y a la infancia) que quedaban en vigor. Un retroceso en la atención sanitaria, en el amparo a las familias y a los sistemas educativos, deja en la cuneta a millones de niños. Europa, especialmente en el Sur, es testigo de este proceso.
En segundo lugar, la partida de ajedrez geopolítica ha reactivado las áreas de conflictos y de guerras en muchas regiones del mundo. Las regiones limítrofes de Rusia, el Oriente Medio y todo el África Subsahariana y Central, son escenarios macabros de este juego de intereses de las potencias. También en este caso el balance es aterrador para la infancia. Sólo en Siria se habla de más de cinco millones de niños víctimas de la guerra (sin contar los muertos) Recordemos que detrás de cualquier conflicto armado hay niños huérfanos, abandonados, refugiados y niños soldados. Todos ellos candidatos a engrosar la lista de niños explotados en la economía negra.
En tercer lugar, los niños y los jóvenes están siendo cada vez en mayor proporción tratados como “mercancías” de los más ignominiosos mercados canallas que conviven al amparo de los llamados Estados fallidos. El tráfico de órganos, la trata de personas y la esclavitud sexual se están cebando en la infancia. Uno de cada tres víctimas de la trata son niños.
Podríamos seguir. Podríamos hablar de nuestra complicidad como consumidores, de cómo hemos aceptado una cultura que niega la dignidad de la persona si ésta no va acompañada de “tener”. Lo fundamental de nuestra preocupación no cambiaría.
Hoy, en este aniversario, conviene además insistir en que sin voluntad política para acabar con las causas de este crimen, todo lo que se haga no serán más que encubrimientos de un sistema salvaje contra la infancia que está concentrando la riqueza mundial en cada vez menos manos. Sin esta perspectiva de las causas, global, internacional, integral, acabaremos “regulando” la explotación de los niños, pero no erradicándola.
Sabemos que en muchos sectores de la sociedad y de los gobiernos de los países empobrecidos hay mayor conciencia de este tema. También sobre las luchas que algunas organizaciones de las que vamos dando cuenta en esta revista están realizando a favor de la abolición de la esclavitud infantil. Pero insistimos: sólo desde una cultura de la solidaridad internacionalista podremos construir un mundo sin niños esclavos. Eso significa el XX aniversario del 16 de Abril.